Apenas mes y medio
después del fallecimiento del bajista de Metallica Cliff Burton, se plantaban en el antiguo Palacio de los Deportes de Montjuic dos bandas a pleno rendimiento:
W.A.S.P., como gratificante
aperitivo presentando su `Inside the
Electric Circus´ y Iron Maiden
como plato fuerte con su `Somewhere in
Time´ bajo el brazo.
El ambientazo en el
recinto era bestial. Se presagiaba de antemano que sería una noche para
recordar; y así fue. Exceptuando al recién incorporado bajista Johnny Rod (ex-King Kobra) por la
marcha de Randy Piper, allí estaban
los auténticos W.A.S.P. para
deleitarnos con uno de sus mejores repertorios: `I Wanna Be Somebody´, `The
Last Command´, `Blind In Texas´,
`Love Machine´, `I Don´t Need No Doctor´, `Restless
Gypsy´, `Wild Child´, `9.5. N.A.S.T.Y.´, `Sleeping (In The Fire)´…, vamos, lo que se dice un sinfín de
grandes temas de la banda.
No se notó en absoluto el cambio de componente, ni el
cambio de instrumento por parte de Blackie
Lawless al ponerse la guitarra entre los dedos después de haber grabado sus
dos primeros discos tocando el bajo.
Te sientas un día en tu casa, te colocas los
auriculares, pinchas un disco de la banda y… eso es lo que sonó en directo. Lo
clavaron en todas sus vertientes. Johnny
se lució, tanto musical, como estéticamente hablando. La voz desgarradora de Blackie fue sublime. Steve Riley estuvo perfecto a la
batería. Y Chris Holmes se movió como
un poseso por el escenario con su afilada guitarra dándolo el todo por el todo.
Inconmensurables.
Más tarde, llegaba el turno de “La Doncella” que nos presentaba un discazo
en toda regla. Un `Somewhere in Time´
que despertó la locura de los fans cuando lo escuchamos nada más salir a la
venta y que estaban a punto de ofrecernos en vivo.
Con un escenario mucho más futurista de lo habitual, llegaba el turno de
que salieran a escena Iron Maiden.
Bruce Dickinson rebosaba de energía,
corriendo, saltando y cantando como nunca (si todavía lo sigue haciendo mientras escribo éste post, imagínate en el año 1986),
mientras los demás componentes nos ofrecían una de sus mejores facetas en
directo.
Se centraron mucho en su completísimo nuevo trabajo, pero también nos
dejaron los clásicos más cotizados de sus primeros discos. Todo un vendaval de grandes
temazos. Puro sonido Maiden que
levantaba al entusiasmado público tan sólo con escucharse las primeras dos notas
en el inicio de cada uno de sus temas, llevando en volandas a la multitud con
los marcados estribillos de Bruce,
los constantes y cómplices dúos guitarreros entre Adrian Smith y Dave Murray,
y la voraz vitalidad que desató Steve
Harris entregándose al público al cien por cien disparando eufórico su
metralleta musical apuntando hacia nosotros. Vamos, lo que se dice, sudar la
camiseta.
Esta era la primera vez que conseguía ver a ambas bandas. Fue algo inolvidable
que se te queda en la sangre.
Una magnífica iluminación, buen sonido y el típico y mítico Eddie
que no faltó a la cita, dándonos su particular y vistoso espectáculo mientras
la gente nos desgarrábamos las cuerdas vocales aclamándolo.
En definitiva, un completísimo show de dos bandas en pleno auge ochentero que ese día se dejaron
la piel en el escenario para el deleite de los, aproximadamente, 8000 Heavies allí presentes. Creo sinceramente
que esa fue la mejor época de ambos grupos.
Al finalizar el concierto, mientras caminábamos por la calle de vuelta al
autobús, vi el poster que anunciaba el citado evento. No me lo pensé, lo arranqué
entero de la pared con una pequeña navajita de un llavero.
Luego lo recorté para separar las letras y perfilé al Eddie
con su pistola eliminando el resto del papel, para luego pegarlo todo en
distintas zonas de mi habitación, lo que fue objeto de observación durante años
cada vez que colocaba la cabeza en la almohada a la hora de acostarme. Y
mientras observaba... pues veía de nuevo las imágenes del concierto en mi
recuerdo. Yo diría, que hasta me venía a la nariz una sensación como de olor al
concierto. Una noche para no olvidar.
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