Búsqueda personalizada

viernes, 28 de octubre de 2011

IRON MAIDEN + W.A.S.P. - Barcelona (1986)

Apenas mes y medio después del fallecimiento del bajista de Metallica Cliff Burton, se plantaban en el antiguo Palacio de los Deportes de Montjuic dos bandas a pleno rendimiento: W.A.S.P., como gratificante aperitivo presentando su `Inside the Electric Circus´ y Iron Maiden como plato fuerte con su `Somewhere in Time´ bajo el brazo.

El ambientazo en el recinto era bestial. Se presagiaba de antemano que sería una noche para recordar; y así fue. Exceptuando al recién incorporado bajista Johnny Rod (ex-King Kobra) por la marcha de Randy Piper, allí estaban los auténticos W.A.S.P. para deleitarnos con uno de sus mejores repertorios: `I Wanna Be Somebody´, `The Last Command´, `Blind In Texas´, `Love Machine´, `I Don´t Need No Doctor´, `Restless Gypsy´, `Wild Child´, `9.5. N.A.S.T.Y.´, `Sleeping (In The Fire)´…, vamos, lo que se dice un sinfín de grandes temas de la banda.

No se notó en absoluto el cambio de componente, ni el cambio de instrumento por parte de Blackie Lawless al ponerse la guitarra entre los dedos después de haber grabado sus dos primeros discos tocando el bajo.

Te sientas un día en tu casa, te colocas los auriculares, pinchas un disco de la banda y… eso es lo que sonó en directo. Lo clavaron en todas sus vertientes. Johnny se lució, tanto musical, como estéticamente hablando. La voz desgarradora de Blackie fue sublime. Steve Riley estuvo perfecto a la batería. Y Chris Holmes se movió como un poseso por el escenario con su afilada guitarra dándolo el todo por el todo. Inconmensurables.

Más tarde, llegaba el turno de “La Doncella” que nos presentaba un discazo en toda regla. Un `Somewhere in Time´ que despertó la locura de los fans cuando lo escuchamos nada más salir a la venta y que estaban a punto de ofrecernos en vivo.

Con un escenario mucho más futurista de lo habitual, llegaba el turno de que salieran a escena Iron Maiden. Bruce Dickinson rebosaba de energía, corriendo, saltando y cantando como nunca (si todavía lo sigue haciendo mientras escribo éste post, imagínate en el año 1986), mientras los demás componentes nos ofrecían una de sus mejores facetas en directo. 

Se centraron mucho en su completísimo nuevo trabajo, pero también nos dejaron los clásicos más cotizados de sus primeros discos. Todo un vendaval de grandes temazos. Puro sonido Maiden que levantaba al entusiasmado público tan sólo con escucharse las primeras dos notas en el inicio de cada uno de sus temas, llevando en volandas a la multitud con los marcados estribillos de Bruce, los constantes y cómplices dúos guitarreros entre Adrian Smith y Dave Murray, y la voraz vitalidad que desató Steve Harris entregándose al público al cien por cien disparando eufórico su metralleta musical apuntando hacia nosotros. Vamos, lo que se dice, sudar la camiseta.

Esta era la primera vez que conseguía ver a ambas bandas. Fue algo inolvidable que se te queda en la sangre.

Una magnífica iluminación, buen sonido y el típico y mítico Eddie que no faltó a la cita, dándonos su particular y vistoso espectáculo mientras la gente nos desgarrábamos las cuerdas vocales aclamándolo.

En definitiva, un completísimo show de dos bandas en pleno auge ochentero que ese día se dejaron la piel en el escenario para el deleite de los, aproximadamente, 8000 Heavies allí presentes. Creo sinceramente que esa fue la mejor época de ambos grupos.

Al finalizar el concierto, mientras caminábamos por la calle de vuelta al autobús, vi el poster que anunciaba el citado evento. No me lo pensé, lo arranqué entero de la pared con una pequeña navajita de un llavero.


Luego lo recorté para separar las letras y perfilé al Eddie con su pistola eliminando el resto del papel, para luego pegarlo todo en distintas zonas de mi habitación, lo que fue objeto de observación durante años cada vez que colocaba la cabeza en la almohada a la hora de acostarme. Y mientras observaba... pues veía de nuevo las imágenes del concierto en mi recuerdo. Yo diría, que hasta me venía a la nariz una sensación como de olor al concierto. Una noche para no olvidar.

Entrada

jueves, 27 de octubre de 2011

METALLICA "Ride The Lightning" (LP - 1984)

En aquellos años lo que incluía éste CD era muy duro de escuchar para la inmensa mayoría de los Heavies de entonces, incluso para algunos podía llegar a ser repudiable, ya que era un nuevo estilo mucho más agresivo que el Heavy Metal que estábamos acostumbrados a escuchar.

Para otros fue una explosión de Metal implacable con claros signos y evidencias de una evolución musical indiscutible que se intuía que podía traer mucho más tras de sí.
Lo cierto es que ese fue el disco que empezaba a poner a Metallica en la cima del Metal mundial, tras un Kill ´em All mucho más verde que éste y que pasó bastante desapercibido antes de editarse éste segundo trabajo.

La velocidad y la ejecución de los temas es envidiable: `Fight Fire With Fire´ y `Trapped Under Ice´, un par de temas Thrash muy cañeros de pura casta. `Ride the Lightning´, `For Whom the Bell Tolls´, `Escape´, `Creeping Death´, una balada memorable como lo es `Fade to Black´, y un más que respetable tema instrumental `The Call Of Ktulu´, son los sabrosos ingredientes que aliñan este plato tan contundente.

Para muchos de sus seguidores es el disco más Thrashero de Metallica. Aunque en esto se forma un buen debate, porque su `Master of Puppets´ de 1986, pone el listón más que alto. Ciertamente no sabría con cuál quedarme si me diesen a elegir entre uno de los dos para llevármelo a una isla desierta, pero soy de los que piensa que este `Ride the Lightning´ es su disco más Thrash.

Un disco que desborda energía, potencia, garra y vitalidad por parte de todos sus entonces jóvenes componentes, además de transmitir una melodía guitarrera única en varias facetas del disco que es capaz de llegarte hasta lo más hondo.
Es el típico disco que, quien lo escucha por primera vez, puede escucharlo tres veces seguidas inconscientemente, pero no sin despeinarse.



Calificación: *****

miércoles, 26 de octubre de 2011

El "Club" Six

Fue éste un lugar tan especial, que no podía quedar sin mención en mi blog, tanto por la nostalgia que me trae recordarlo, como por la ilusión que tengo en dejar una pequeña dedicación a la gente con quien lo compartí durante aquellos años.

Bajo nuestra casa (me refiero a la de mis padres) había un local que en aquella época tan sólo se utilizaba para guardar tratos viejos, juguetes rotos, libros de antaño de mis abuelos, y sobretodo, mucho polvo, ya que el local no estaba cerrado del todo, quedaban unas rejas de unos 70 cm. de altura justo encima de la puerta de madera. Así que, dentro, además de montones de trastos, había montañas de polvo que lo cubrían todo. Ni se te ocurriese soplar, porque desaparecías entre la niebla. Allí empecé a guardar mi bicicleta desde muy joven.

Un día, en el instituto, decidí montar un Scalextric con tres compañeros de clase, con las piezas que aportábamos cada uno de nuestros respectivos circuitos, con los que podíamos montar un circuito bastante grande. Pero no teníamos un lugar donde hacerlo. Entonces me acordé del almacén donde guardaba la bicicleta. Decidí limpiar un trozo de local, lo suficiente como para poder montar ese Scalextric, ya que limpiar más era una locura por la cantidad de porquería que allí se acumulaba. Les comenté a mis padres lo que iba a hacer en el almacén y les pareció bien, así que al final pudimos montar ese circuito.

Jugamos varias veces, pero luego, poco a poco, fuimos dejándolo de lado hasta que lo desmontamos de nuevo. Al quitar el circuito de allí me quedé observando el espacio vacío y limpio que quedó, me paré unos instantes a pensar, y me dije: "¿no podríamos utilizar esto para algo más?", ya que está limpio… . Me refería a utilizarlo, no con los amigos del instituto, sino con los más allegados, aquellos con los que jugué y me divertí durante tantos años en mi niñez. Y vaya que si lo utilizamos. 

El local tenía por dentro tres pilares. En un principio se limpió hasta el primero para poner el Scalextric. Luego, como niños que éramos, nos dedicamos a guardar gatos callejeros allí dentro. Pasábamos muchas tardes con ellos dándoles de comer, de hecho, comenzamos llamándole al local: “Club Los Gatos”. Luego nos quitamos de encima a los gatos, los dejamos marchar, limpiamos hasta el segundo pilar y empezamos a utilizar el local para tener un lugar en el que reunirnos todos los días sin tener que ir buscándonos de casa en casa. Luego le cambiamos el nombre y le pusimos Club Six, nombre que me gustaba mucho porque era el nombre de un jugador de la selección francesa de fútbol de esos años que llevaba el pelo largo, así que insistí mucho para ponerle ese nombre.


Los gatos desde mi casa

Allí escuchábamos música con un cassette portátil “prehistórico”, ese cassette con el que escuché por primera vez a los AC/DC con su `For Those About To Rock (We Salute You)´. También nos sirvió para escondernos de los que pudiesen pillarnos por la calle fumando nuestros primeros cigarrillos, aunque más de una vez nos pilló mi madre, ya que el humo ascendía por la reja subiendo el olor hacia mi casa. Más tarde, decidimos limpiar todo lo acumulado al fondo del local y conseguimos que al final pareciese una mini-discoteca bastante coquetona (para ser lo que era…)

Poco después fuimos adquiriendo más cosas: un tocadiscos, un mejor cassette, unos altavoces, más luces… etc. También montamos un DJ con unos palets de fábrica, además de una barra con tres somieres, unos sofás con asientos de coche y limpiamos un aseo que había al fondo del local que nos costó muchísimo de acondicionar por el lamentable estado en el que se encontraba.

Más adelante decidimos poner un fondo para comprar un psicodélico para la pequeña pista de baile. También compramos bebida, que después nos auto-vendíamos para poder comprar más bebida y además poder sacar algo para celebraciones posteriores. Todo lo demás con lo que decoramos aquel local fueron cosas que íbamos aportando de nuestras casas y de otros sitios… como discotecas, que es de donde adquiríamos los vasos.

Club Six (cena en la Navidad de 1981)

Al final, nos quedó un local muy acorde a lo que buscábamos y al que acudían otras peñas del pueblo a pasar alguna que otra tarde con nosotros, sobre todo peñas de chicas. Aquí pasamos tardes y noches inolvidables e irrepetibles: fiestas de fin de año, cumpleaños, pascuas, nuestras primeras novias…, y también fue la cuna donde empecé a criarme como Metalero, ya que esa fue la época en la que empecé a conocer mis primeros grupos Heavies, aunque muy en solitario, porque de todos los miembros de aquel Club Six, el único Heavy pura sangre que salió de allí… fui yo (sin abuela), y algunas raíces que adquirieron mi hermano y mi amigo Ximo, pero nada más. Ya me hubiese gustado a mí que salieran todos Metaleros incondicionales.

Un lugar que seguramente habrá quedado para siempre en el recuerdo de todos los que formaron parte de él.

Miembros:
Alejandro P. - Antonio M. - Jorge S.- Jesús S. - Rafa C. - Juan B. - Sergio P. - Arturo A. - Miguel A. - Vicente C. - Emiliano L.F. - Ximo S. - Pepe A. - Manolo - Mora – José L. - Simón - Juan G. - Luis G. y un servidor.

Así terminamos cantando los villancicos