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lunes, 23 de abril de 2012

I Metal Festival Castellón (2010)

Tras ocho años desde el Rock Machina, y una sequía Metalera bastante pronunciada en nuestra provincia en lo que a festivales se refiere, llega a la capital de La Plana el I Metal Festival Castellón, nombre que a mi juicio no correspondía a la realidad, puesto que en 1991 se celebró en el distrito marítimo de la capital (el Grao), el Summer Trash Festival. 

Así que a mí ya no me entró por buen ojo ese titular del festival, aunque la verdad es que eso no nos desmotivó en absoluto en decidirnos a comprar las entradas.


El lugar del evento era el nuevo recinto de Ferias y Mercados, lugar en el que casualmente teníamos trabajo durante esos años. Así que se nos hacía rarísimo tener que ver un festival en un recinto donde hacía tan sólo unos días habías estado descargando mercancías o llenando bolsas con dulces, legumbres o frutos secos. 

Este fue para mí el segundo motivo por el que siguió sin entrarme por buen ojo ese festival, pero la ilusión por disfrutarlo continuaba intacta, aunque hubiésemos preferido cualquier otro lugar antes que ese.
Ese día nos reunimos, previa quedada por teléfono, con varios colegas de Valencia que se desplazaron para disfrutar del evento con nosotros.
Al comienzo del festival nos acercamos al recinto para echar un primer vistazo general y precisamente eso fue lo que me confirmó mis anteriores presagios. 

Lo primero que vi fue un escenario pequeño, muy poca gente (unas 300/400 personas máx.) y un recinto muy limitado con vallas y preparado con premeditación para albergar poco público. Pero lo que más me llamó la atención fue la innecesaria pantalla que colocaron en un lateral para que la gente aficionada al fútbol pudiese ver el famoso clásico entre el Real Madrid y el F.C. Barcelona, aunque yo creo que fue más bien para que muchos no tuviesen una excusa para no asistir al ya de por sí infravalorado festival. 

Y lo cierto, a pesar de tener decidida nuestra asistencia con mucha antelación, es que no había un gran cartel, pero era cartel más que suficiente como para no tener que estar poniendo pantallas para atraer o distraer al escaso público del asunto de mayor calado por el cual un buen Metalero asiste a un festival de estas características. 

Sepultura, Crowbar, Hamlet, Armed For Apocalypse, Guilles De Rais, Killus y Aloud, eran formaciones lo suficientemente atractivas para no pensárselo mucho en acudir. Además, el precio era bastante asequible como podéis ver en la entrada.
Entrada
Los grupos estuvieron todos bien en líneas generales.

Durante Aloud estuvimos por el exterior del recinto haciéndonos unas litronas, ya que es un grupo de nuestra localidad que ya teníamos muy visto, además de no ser musicalmente muy de nuestro estilo.

Killus nos sorprendieron gratamente con un Metal Industrial muy al día y con un vestuario totalmente blanco (excepto botas). Rompieron con el concepto que teníamos de la banda hasta ese día.


Killus

Los locales Guilles De Rais divirtieron bastante con su Metal poderoso y alguna versión como el TNT de los míticos AC/DC.

Guilles De Rais

Armed For Apocalypse sonaron algo espesos, en ocasiones… como a unos Obituary de lo más pausado y oscuro.

Hamlet como siempre, Hardcore cañero. Sin más.

Crowbar se nos hicieron muy densos, demasiado. Una cosa espesa bastante complicada de digerir.
Y Sepultura… pues se notó que no eran los auténticos Sepultura, tanto por la asistencia de público que lograron congregar a esa hora (unos 500 aprox.), como por la calidad musical exhibida, que aunque no fue nada mala, ahí no estaban los hermanos Cavalera. Eso sí, la gente que a esa hora se reunió allí se lo pasó bomba y disfrutaron como posesos de un buen directo y con cada uno de los temas que nos ofrecieron los brasileños, sobre todo cuando sonaron clásicas de la añorada banda original. Gran fiesta final.

Sepultura

Definitivamente pasamos un buen día, flojo, pero un buen día. Lo malo es que mis presagios se cumplieron respecto a la posible asistencia y al terminar el evento tuvimos muy claro que al año siguiente no se volvería a repetir el experimento.
Para mí, el error fue la ausencia de una o dos bandas de un peldaño por encima a los actuales Sepultura en sustitución de una o dos de las cuatro bandas nacionales que actuaron, o sea, mojarse más.

martes, 3 de abril de 2012

Sonidos penosos

Qué fácil es encontrarse un directo con un sonido penoso durante la actuación de muchas de las bandas que componen los carteles de los festivales. Hay que aclarar que no siempre ocurre, pero es bastante habitual. 

Gracias a Dios, he podido acudir a decenas de eventos Metaleros, pero por desgracia me ha tocado tragarme en muchas ocasiones el desastroso sonido con el que bandas muy respetables tratan de complacer inútilmente a sus fieles seguidores.

Lo habitual es que se reserve el mejor sonido para los cabezas de cartel, algo que considero totalmente injusto y lamentable, tanto para el resto de bandas, como para el público asistente.

En lo que se refiere a las bandas, decir que ninguna de ellas se merece tener mejor o peor sonido, porque todas ellas se han ganado a pulso un puesto en el evento cuando firman el contrato y todas han trabajado duro para lograr sus metas y objetivos; TODAS.

En lo que se refiere al público, se ha pagado una entrada para disfrutar al máximo posible de las bandas anunciadas, pero se ha pagado para escucharlas bien y tenemos todo el derecho de que así sea, pero casi nunca lo es. Acoples, escasa potencia, micros mudos, sonido estridente, guitarras caídas, bombos saturados… en fin, una amalgama de deficiencias que ni los grupos ni el público merecen aguantar.

Muchos dirán: "como el cabeza de cartel son tal y tal… por eso lo hacen, para que luzca más la estrella del evento". Pues NO señores… NO, la estrella sólo brillará si es verdaderamente una estrella y demuestra su categoría, sacrificio y buena actitud sobre el escenario. 

Pero lo realmente injusto es que, sobre tener que codearse con bandas de gran caché, las demás tengan que luchar también contra el sonido, o más bien, con el encargado/os de regularlo. La valía o profesionalidad de un grupo no es otorgada por el sonido, aunque la desluzca. Sólo un buen trabajo y la entrega total por lo que haces merece de un buen reconocimiento y valoración por parte del espectador, y si encima suena bien, pues mejor, mucho mejor.


Así que el gran problema de los grupos de segunda línea es que, sin un sonido decente, nunca llegarás a apreciar lo que ciertamente desean transmitirte los músicos, con más razón cuando estos carecen del gran espectáculo que suelen transportar las grandes bandas míticas quedando el sonido como su única arma de valor, ya que la presencia estética nunca será suficiente cara al espectador si esta no es complementada con un buen sonido. 

Casos como el de Ralf Scheepers (Primal Fear) con el micrófono “a cero”, el de Axel Rudi Pell con su guitarra “muda”, o el de Cradle Of Filth sonando sin su corista (aunque allí estaba) totalmente distorsionados, son tres buenos ejemplos que he podido vivir viendo cómo se le destroza la actuación a un buen grupo. 

Ya sabemos que equipos musicales los hay para todos los gustos y que unos sonarán mejor que otros, pero lo que es intolerable es que se nos quiera hacer creer que ciertos ajustes técnicos sean tan malos, eso no se lo traga nadie. Cuando se monta un escenario con sus luces y sus altavoces, una vez acabado el montaje se hacen las mil y una pruebas pertinentes para ajustarlo todo. Además, ese trabajo es ejecutado por profesionales en la materia que saben perfectamente lo que hacen. Está muy claro que un error lo puede tener cualquiera, pero siempre el mismo error… no cuela.
¡Señores de sonido! déjense ya de excusas y favoritismos y comiencen a tratar a todos los grupos por igual en este aspecto. Dejen que cada grupo se defienda con lo que posee sin ponerle piedras en el camino y preocúpense de darle al público lo que espera cuando se adquiere una entrada, sobre todo si esta te sale cara. Tengan en cuenta que tanto unos como otros somos la materia prima necesaria para que existan esos festivales.

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miércoles, 21 de marzo de 2012

Lo que cuesta ir de festival

Si tus asuntos laborales te lo permiten, el primer problema que se te presenta es si tu parienta no es Metalera. En este caso suele encontrarse una solución para tu escapada en un alto porcentaje de ocasiones, pero todo depende de las distintas y extensas personalidades conyugales. 

En caso de que sí sea Metalera, el problema es si tienes niños, familia o animales que cuidar. Esto ya es más complejo; entonces comienzan a la carrera un torbellino de ideas que se entremezclan en vuestras cabezas para intentar dar con alguien que os ayude a poder ser libres durante un par de días. Al final, con mucho esmero y no siempre, suele llegar vuestra recompensa.
  
Tras la limpieza a fondo, revisión y pertinente puesta a punto, por fin te encuentras dentro de tu vehículo preparado para partir, al menos los que vamos siempre en coche. Por norma general, cae una calda que te asas vivo, porque los festivales, aunque también se realicen algunos durante el resto del año, suelen ser veraniegos. Así que lo típico es llevar al "Dios Ra" clavado todo el viaje por tu ventanilla (también llamado familiarmente “Lorenzo” o “Manolo”) que por más que gires y gires siempre queda a tu lado. 

Si además no llevas instalado el aire acondicionado, consigues que el sonido de tu reproductor musical quede hecho triscas por culpa del aire que entra desmesuradamente por las ventanillas bajadas. Y si a esto le añadimos que entre los camaradas de viaje nos chillamos a grito limpio para poder comunicarnos, se convierte el sonido ambiente en un "taladro-batidora" que el sacrificado conductor suele soportar durante los primeros y eufóricos 150 km de ruta.
El bolso-nevera es nuestro aliado number one, proveedor de ciertos alimentos y refrescos, y como hace calorcito de lo lindo… pues a beber como cosacos. Entonces llegan las necesidades, y si el siguiente lugar con servicio disponible queda muy lejos, que es lo que suele ocurrir, ahí tienes un w.c. tamaño peninsular. Elija usted arbusto, zanja, rincón o arbolito según nivel de emergencia.

En cuanto llegas al festival (casi siempre con el tiempo justo) aparcas y te bajas a estirar las piernas por la paliza que llevas al volante. Pero muchas veces te encuentras que llegas tan justo que está a punto de comenzar a sonar la música (sino es que está sonando ya) y entonces empiezan las prisas por ponerte la pulsera. Así que, un pequeño y rápido aseo personal y… zumbando para la taquilla. 

Lo más normal es que te toque ponerte morenito en la cola durante un rato. Según cada organización, estas pueden oscilar entre los 15 y los 45 minutos al horno “Lorenzano” y es una de las principales circunstancias por las que se te suele quedar “tatuada” la silueta de las gafas de sol en la cara para todo el festival y las semanas venideras como recuerdo. 

Una vez marcados... ¡al sitio!; volteo relajante por las tiendas, cervecitas fresquitas y… grupo por aquí… grupo por allá, hasta que los pies comienzan a decirte “te quiero”. Entonces buscas el mejor sitio para descansar un poco; el suelo. Y todavía sin haberte hecho efecto que estás sentado, PURRUMMMM PUM PUMM ¡ya va otro grupete! ale, arriba que desde aquí no lo veo. 

Luego un viaje al coche para repostar... y de nuevo al sitio, y luego otro y otro. Y así van pasando las horas gustosamente hasta que al final de la jornada, tras los últimos resquicios de fiesta con los habituales colegas de festival que siempre te encuentras, terminas haciendo malabarismos dentro de la tienda o el vehículo mientras te cambias para poder tumbarte un rato a descansar. 

Pero “Lorenzo” es puntual e insistente y se encarga sin duda en pocas horas de recordarte que existe, cortándote sin miramientos el plácido descanso para, sin más opción, incorporarte de nuevo a la batalla bajo los rigurosos buenos días que caen desde lo alto. 

Ese segundo día, tras la correspondiente ducha in situ y tu típico desayuno de batido + Donuts o semejantes, ya te lo coges todo bastante más tranquilo, como medicado con tranquilizantes, pero la ensalada de grupos que te esperan por ver motiva a que no te duermas en los laureles. 

Una nueva e intensa jornada Metalera se prepara, así que si quieres ahorrarte un dinerito en las comidas y bebidas hay que reponer fuerzas con el menú disponible y calculado para los dos días: "bocata-chiclé" de paté o de fiambre con tomate, Bocabits y otros derivados, rosquilletas con longanizas secas, napolitanas de York & Cheese, tortilla de patata con unas aceitunas… y unas birritas bien fresquitas.

Y después de tal revuelto de alimentos anti-dieta, las necesidades no tardan en volver a hacer acto de presencia. Así que… de nuevo a buscarse la vida porque las cabinas “tigre” suelen ser terroríficas y todavía te quedan unas cuantas horas por delante.

De nuevo se repite la misma situación que el día anterior, pero con otras bandas que normalmente suelen ser las más esperadas del festival por cuestiones de la organización. El día fuerte suele ser el segundo (o el tercero si vas tres días), por lo que la indeseada curva decreciente del interés hacia los últimos grupos a cierta hora, se cruza con la curva creciente de tu cansancio. Así que esos grupos suelen cazarte en un estado de agotamiento físico y musical que te provoca muchas veces pequeños apalancamientos aunque estés disfrutando de las bandas. 

Una vez acaba el último grupo, sueles estar reclamando “la piltra” como poseso, la cual alcanzas en unos cientos de metros para tu entera satisfacción.

Cuando al día siguiente despiertas, o mejor dicho, cuando te despierta tu satélite preferido, te asomas al exterior y entonces es cuando te das cuenta de que, excepto algunos coches o tiendas que han hecho lo mismo que tú, estás prácticamente sólo en la zona. Entonces retornan tus asuntos cotidianos a la cabeza como contacto de interruptor y encima recuerdas que te esperan otros tantos km de vuelta con tu inseparable “Lorenzo” acompañándote fielmente hasta el final del trayecto. 

Y cuando finalmente entras de nuevo por la puerta de casa, te coge una depresión que te amarga el resto del día pensando que todo ha pasado en tan sólo unas cuantas horas y que el siguiente festival te coge demasiado lejos en el calendario.

Así que… ¿realmente será cierto que estamos diciendo toda la verdad cuando le contamos a alguien lo bien que nos lo pasamos en tal o tal festival y su correspondiente viaje?