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domingo, 26 de mayo de 2013

FESTIVAL LORCA-ROCK (2004)

Este fue nuestro primer Lorca-Rock. Hacía ya algunos años que teníamos nuestro particular objetivo muy enfocado hacía ese festival y por fin se presentó la ocasión de poder disfrutarlo, con la gran suerte de que en ese cartel aparecían los germanos Crematory, una banda bastante difícil de ver en nuestro país, de hecho era su primera visita a España. 

En el cartel también estaban los suecos Europe, a los cuales no encontré la ocasión propicia para ir a verlos por allá por finales de los ´80

Así quedó el cartel completo de ese año 2004:


Entrada

Tras cuatro años sin coger unas vacaciones, pudimos ir ahorrando la suficiente calderilla para, finalmente, conseguir reunir 300 pavos muy bien cocinados para nuestro merecido disfrute. 

Cargamos nuestros bártulos, fuimos a buscar a un colega paisano (F.L.), compramos tabaco y partimos de ruta.

Para ese viaje también nos citamos con algunos de nuestros habituales colegas de la Ribera de Valencia, con los que quedamos en pasar por la localidad de Alberic para reunirnos y partir todos juntos hacia tierras murcianas. Y allí nos encontramos con ellos y emprendimos el viaje.

Ya a 70-80 km del Alberic en dirección Murcia, decidimos parar a almorzar en un restaurante a pie de carretera. Almorzamos muy a gusto entre cachondeos y risas con una ilusión bárbara por el buen acontecimiento que teníamos tan en mente. 

De repente, recién pedidos los cafés y las copas correspondientes, pues se me ocurrió darles una alegría a mis colegas; me dije: "voy a pagarlo todo y verás qué contentos se ponen". Me meto la mano en el bolsillo y… ¡quedé blanco al instante!. 

Mi mano seguía buscando, pero esta vez acompañada de la otra mano. Ambas palpaban desesperadamente toda mi cintura como si me quemasen las carnes. Tal fue la expresión de mi cara, que los colegas fueron dándose cuenta de que algo raro ocurría, hasta que uno de ellos me preguntó: "¿pasa algo?, ¿has perdido algo?", lo cual suscitó a que el resto de comensales despistados se fijasen en mí mientras yo seguía en silencio palpando y buscando como descosido, hasta que al fin levanté la mirada y exclamé: "¡tengo un agujero en el bolsillo y ahí tenía 300 pavos!" 

Entonces mi color blanco de cara se contagió de inmediato, no tenían duda de la veracidad de mis palabras. Ese pantalón era un vaquero recortado que hacía años que no me ponía y desconocía de ese maldito y traidor pequeño agujero.

El maldito pantalón
Así que toda la satisfacción inicial se convirtió en un silencio fúnebre al instante. La alegría que quise darles se esfumó convirtiéndose en un mar de desilusión, frustración e impotencia. Buscamos por el local, por el parking y por todas partes sin éxito, hasta que decidí tragar saliva e intentar no pensar en ello y continuar el viaje con la gran putada en mente de tener que ir de cajero sin apenas tener crédito disponible.

Nuestros ahorros se evaporaron en un plis plas. Pero mis colegas no quedaban contentos con mi resignada reacción e insistieron profundamente en volver a Alberic, puesto que en la zona donde nos reunimos no había transeúntes, ya que era un descampado de un parking de un restaurante muy popular de la localidad que estaba cerrado ese día porque, curiosamente, cierran los sábados. 

Ellos pensaban que fue el único lugar donde bajé del vehículo y donde posiblemente me cayese el dinero. Hasta que recordé que antes de esa parada había bajado del vehículo para comprar tabaco, pero eso ya quedaba en casa, a unos 200 km de allí y sin posibilidad de que, aun volviendo, pudiésemos encontrarlos por la tremenda actividad comercial que tenía el quiosco donde compré los cigarrillos. 

Pero aun así, continuaron insistiendo en volver a Alberic (por si acaso). "Yo volvería", me decían todos, pero mi ser se deshacía entre nervios pensando lo que había perdido y la cortada de rollo que les había causado y se me acentuaban mucho más de pensar que si no continuábamos el viaje nos perderíamos también a Dream Evil, que actuaban sobre las 13:00 h., y todavía nos quedaban otros 200 km. por recorrer. 

Esto no les convenció en absoluto y prefirieron volver atrás con la esperanza de encontrar “el arca perdida”. No pude convencerlos en continuar. Así que… volvimos a Alberic pero… nada de nada, que es lo que me temía L (contento se pondría quien se los encontrase, muy contento). Con que, hartos de resignación, nos encaminamos finalmente hacia nuestro destino, al que ya llegábamos tarde.

El festival se celebró ese año en un antiguo cuartel militar de infantería de la localidad Lorquina, un recinto demasiado pequeño para un evento de tal envergadura, donde pudimos comprobar que no había casi hueco para moverse, más si cabe, por la cantidad exagerada de carpas de puestos de avituallamiento y tiendas que había. 

El ambiente en las inmediaciones era muy bueno y hacía un día espléndido pero muy caluroso, así que me hinché de valor y decidí tratar de olvidar por unas cuantas horas tal desafortunada experiencia viajera para poder disfrutar con mis compañeros de ese tan esperado acontecimiento.
Al llegar allí, nos enteramos de que a las Kissexy las habían cambiado de horario, y en vez de actuar en primer lugar, actuaban en el último, después de Europe. Así que nos perdimos a Dream Evil, que presentaban, ni más ni menos, su `The Book of Heavy Metal´.  Triste, muy triste. NO el disco, sino perdérnoslos.

Crematory

Tras acceder al recinto, Crematory saltaban a escena en muy pocos minutos con su ´Revolution´ bajo el brazo, el nuevo disco que lanzaba la banda tras su esperada reunión por la gran aclamación e insistencia de sus más fieles seguidores para que volviesen a los escenarios después de tres largos años de ausencia desde su anunciada ruptura en 2001. 

Nos ubicamos entre las primeras filas a muy pocos metros del guitarrista Matthias Hechler, donde pudimos alucinar por el tremendo “Lorenzo” que caía sobre nuestras testuces (los chorros de agua de las mangueras parecían maná caído del cielo) y también por la gran veteranía y la potente contundencia sonora que desplegaron los teutones. 

Tocaron temas como... `Wake Up´, `Tears of Time´, `The Fallen´, `I Never Die´, `Open Your Eyes´, `Red Sky´, `Revolution´, `Tick Tack´, y la fantástica versión de los Sister of Merci `Temple of Love´, entre otras. 

Ese directo hizo que todos olvidásemos en el acto lo ocurrido durante el viaje. A partir de ahí todo fueron alegrías porque, pocos minutos más tarde, conseguíamos hacernos unas fotos con algunos componentes de Dream Evil, unos tipos muy cachondos (pelotazo incluído) a los que algunos pusieron verdes por alguna actitud reprochable, pero con nosotros estuvieron geniales.

Niklas Isfeldt & JJ Piñón

Fredrik Nordström - F. Pérez - Snowy Shaw
 
Con Fredrik
Poco después también nos retratamos con otros componentes de Crematory, el señor Matthias y el bajista Harald Heine, con los que estuvimos un buen rato de cerveceo entre buenas risas. Una curiosidad: era muy consciente de que estar en ese momento con ellos era una oportunidad muy difícil de repetir, así que me dirigí hacia la barra para pedir dos litros de cerveza para compartirlas con todos y alargar más su estancia entre nosotros. Las cogí y me encaré directamente hacia ellos dos para hacerles el honor de ser los primeros en beber. 

Le di un vaso a cada uno y… ¡sorpresa!, no soltaban las birras de ninguna manera, ya sabéis, eran alemanes y no caí en ello hasta ver la parsimonia con la que se bebían sus cervecitas, y entonces lo entendí, las cogieron como un regalo, puesto que, poco después, Matthias me regalaba con toda su buena intención un bote de cerveza que llevaba en su bolsillo, por supuesto, más caliente que un potaje de garbanzos. 

En un principio iba a guardármela de recuerdo, pero decidí ser tan germano como ellos y atizármela tal cual temperatura (no sea que también la perdiese de camino). No hacen falta más palabras para saber cómo impactó tal bocanada de caldo en mi cabeza, pero me sentí feliz, muy feliz J

Con Matthias & Harald
Más tarde aparecían en escena After Forever, banda que no nos llamaba nada la atención, por no decir que no nos gustaban. Eso aparte de los problemas de sonido que tuvieron.

Luego le tocaba el turno a Axel Rudi Pell. Este era el segundo directo que veíamos de ellos. El anterior fue aquel tan desastroso que vimos en el Festival Rock-Machina de Moncofar en 2001. Pero en esta ocasión, sí que pudimos ver a la banda a un buen nivel, con un cantante espectacular (Johnny Gioeli) y un batería descomunal (Mike Terrana). Sobre Axel tan apenas comentaré, puesto que el ventilador parece ser su mejor aliado en sus directos incluso más que su propia guitarra.

Axel Rudi Pell
TNT fueron los siguientes, banda de estilo Hardrockero a la que estuvimos viendo durante unos minutos, hasta que decidimos “sacrificarlos” para tomarnos un descanso y salir un rato al exterior.

Más tarde actuaban Magnum, pero poco vimos de ellos, porque el ambiente en los garitos y pubs del exterior estaba bastante animado a esas horas y tardamos más de la cuenta en volver a entrar al recinto.

Ahora ya les tocaba el turno a los escandinavos Europe. En un principio pensaba que iba a ser un directo mucho más flojo de lo que al final fue. Se marcaron un concierto magnífico, en el que nos hicieron sentir grandes sensaciones ochenteras y en el cual estuve brincando y cantando como nunca lo había hecho. Me sorprendieron muchísimo, ¿o sería por las birras y mi grandiosa persistencia en olvidar el asunto del viaje?. No sé, pero lo cierto es que estaba como poseído cantando cada uno de los temas de su fantástico y extenso repertorio: Seven Doors Hotel, Wings Of Tomorrow, Superstitious, Time Has Come, Ready Or Not, Heart Of Stone, King Will Return, Scream Of Anger, Sign Of The Times, Stormwind, Carrie, Open Your Heart, Let The Good Times Rock, Yesterday News, Cherokee, Rock The Night, Start From The Dark y The Final Countdown

Gran actuación. Por cierto, justo delante de nosotros todavía andaba algún miembro de los Dream Evil, a quien empujábamos por la espalda para que se sostuviese en firme. Menudo pedal llevaba… jojojo.

Europe
Por último salían las Kissexy a poner la guinda al pastel, pero, como he dicho antes, no lograron captar nuestra atención, más bien fue al revés. Ganas sí que le pusieron las chicas, pero no las vi con la suficiente categoría como para tratar de imitar a figuras tan grandes como son los auténticos KISS. Otra cosa es pasar un rato musical más o menos agradable durante una noche veraniega, que no está mal, pero sin tomarse enserio lo de imitar a grandes.
En definitiva, que al final fue un buen día con algunos altibajos y un “altialto” que nos quitó el hipo y nos marcó el ánima, pero nos lo pasamos en grande. 

- "¡Ahí tus pelotas Ñón!", me dije a mí mismo, ...pero aún me duele.

miércoles, 24 de abril de 2013

AC-DC "Highway To Hell" (LP - 1979)

Sólo pronunciar su título me vienen a la cabeza mis primeros pasos en el Heavy-Rock. Y luego resultó ser que este trabajo fue verdaderamente una gran autopista hacia el infernal sonido del Metal.

Es uno de los plásticos que no pueden faltar en ninguna discografía Heavy-Metalera, sencillamente, porque es imprescindible, incomparable e irrepetible. Pocos trabajos tienen la solidez y la estructura que posee este. Una gran exhibición musical de finales de los ´70 que no se pasa de moda con el paso del tiempo. Todos y cada uno de sus cortes forman parte imprescindible de esta obra maestra del Heavy Metal.

AC-DC fueron, y seguirán siendo, uno de los grandes grupos pioneros en el estilo. Marcaron abrumadoras diferencias respecto a los demás con este explosivo trabajo, desgraciadamente, el último en el que intervenía Bon Scott antes de su desgraciado desenlace. La conjunción y complicidad entre sus componentes era perfecta y la contundencia sonora y agresividad musical que desprendían en esa época era devastadora. Un disco que está plagado de grandísimos ritmos que son capaces de menear pilares de hormigón allá por donde suenen.

Como no, la primera canción es `Highway To Hell´, himno indiscutible de la banda que a mí me sonó a floja por la gran descarga que venía detrás: `Girls Got Rhythm´, `Walk All Cover You´, la espectacular `Touch Too Much´ y la aplastante `Beating Arounr the Bush´, son los cinco cortes de su Side One. Cinco cortes que te dejan sin aliento y con un muelle instalado en la pierna aún habiéndose apartado la aguja del surco. 

Y tu cuerpo quiere más. Le das la vuelta y… `Shot Down In Flames´, otro temazo de cinco estrellas que te hace bien atractivo el arranque de la Side Two y que te crea un énfasis supremo en la escucha, sin contemplaciones y al grano. Le siguen `Get It Hot´, otro gran éxito como lo es `If You Wan´t Blood (You´ve Got It)´, y por último `Love Hungry Man´ y `Night Prowler´. 

Un completo menú que te complace pero no te empacha. Volverías a pinchar ese plástico de inmediato porque hay que asimilar bien tal bocanada de Heavy Metal. Los ritmos electrizantes se contagian, Angus puntea como los genios, Bon se desgarra la garganta en cada tema por la descomunal energía que emana de él. En definitiva, que tan sólo de tenerlo entre las manos se palpa una sensación de buen hacer que luego resulta tal cual se siente durante su escucha.

La portada parece simple: una foto de los cinco componentes del momento. Pero… cada vez que la observas, te vas dando cuenta de que desprende una fuerza de captación visual extraordinaria. 

Las letras anaranjadas del rótulo principal, más un título incontestable para su época, ambos, bien contrastados sobre un fondo oscuro de color tirando a un tono sepia que le da un aspecto como de más añejo. Los cuernecillos y el rabo de Angus, la cara de pocos amigos de su hermano Malcolm y la remarcada gran sonrisa de Scott comparada a la de sus compañeros mientras nos muestra su destacado colgante, todo ello, crea como una atracción prácticamente irresistible para la vista, o al menos para la mía. Pero me pregunto: ¿a cuántos se les pasaría de largo a la mirada si se encontrasen con él en una tienda repleta de Long Play´s?

Además, ese plástico de Atlantic Records sonaba muy bien, fuerte, limpio y claro, y quedaba sobradamente vestido con una tremenda calidad de ejecución musical. Por eso opino que el contenido, y tanto la fuerza visual como la acústica, eran a mi parecer de un nivel casi insuperable en aquellos prodigiosos años ´80.

Pocos discos tienen o han tenido el gancho que tuvo y sigue teniendo este. Para mí una obra perfecta en todos los aspectos. Si para entender el Metal tuviésemos que aprender a, e, i, o, u… este disco sería la A, le viene que ni pintado.


Calificación: *****


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domingo, 31 de marzo de 2013

CLASH OF THE TITANS - San Sebastián (1990)

Ante una década que particularmente se me cocinaba floja en lo que a conciertos se refiere, a los pocos que asistí fueron eventos dignos de archivar para la historia, entre ellos este, el Clash Of The Titans del ´90.

En esos años el Thrash estaba pegando fortísimo con bandas que iniciaron su andadura a comienzos y mediados de los ´80 que vivían sus mejores momentos arrastrando a miles de personas en sus directos. Entonces el Thrash era lo último de lo último, pese a que Obituary, Sepultura o Morbid Angel (entre otros) ya estaban pisando fuerte marcando terreno con el Death Metal, o incluso Napalm Death ya habían mostrado al mundo la contundencia sonora del Grindcore. Pero el Thrash era el verdadero espíritu Metalero de la mayoría. 

Eran tiempos algo flojos para el Heavy Metal auténtico, pues del estilo derivaron multitud de bandas AOR, Glam o Hair Metal que en muy pocos años también inundaban la escena musical Metálica y que también tenían multitud de seguidores, sobre todo en Estados Unidos. Pero luego la mayoría se desinflaban como un globo porque eran estilos como el pantalón de campana en su época. 

Esas ropas, maquillajes y peinados cardados delataban que tan sólo eran una simple y pasajera moda, excepto algunos como W.A.S.P., Twisted Sister, Mötley Crüe o Ratt que aguantaban bastante bien su mástil. Pero el Thrash no era una moda, el Thrash nos trastornaba, nos llenaba, nos activaba la adrenalina, se veía futuro en él. Además, el Speed Metal creo que tan sólo fue un puntual estilo de transición entre el Heavy y el Thrash, ya que más tarde poco se habló de él y muy pocas bandas se dedicaron a profundizar en ese estilo tan áspero. Por todo ello, ver un cartel como el de este post, con cuatro bandas de tan prestigioso nivel, era como un sueño.

Los compañeros de viaje M & R
Al concierto acudimos en coche tres colegas de Onda. Allí nos reunimos en la misma entrada con otros paisanos y muchos conocidos de nuestra provincia. Incluso varios de esos paisanos venían directos desde Barcelona, donde la noche anterior se celebró el mismo evento y del cual querían volver a disfrutar por la grata sensación que les dejó el de la ciudad Condal. Quisieron repetir sin dudarlo, lo que nos llevó a pensar, todavía más si cabe después de sus preciados comentarios, que se preparaba una grandísima noche. Se respiraba ilusión, ganas y emoción a borbotones. 

Sin duda todos sabíamos que ese evento era cosa seria con un cartel de lujo. El ambiente en los alrededores del Pabellón Polideportivo de Anoeta era magnífico en lo que a expectación se refiere, y ahora matizo. Tardamos un buen rato en entrar al recinto por el excesivo público que allí se congregó tras el cambio sufrido por la ubicación del evento (al final no fue en el Velódromo a causa del Festival Internacional de Cine de San Sebastián) y por los exagerados y férreos controles policiales dispuestos con perros incluidos. 

Cuando lo conseguimos, justo a punto de entrar en el pabellón, un fuerte alboroto llamó la atención de casi todos los presentes en el “Hall”. De pronto, el medio buen rollo se ensució con ese hecho. Hubieron gritos, corridas y empujones por la zona de entrada, pero había demasiada gente y no divisábamos nada. Instantes después todo volvió a la normalidad y la gente recuperó esas ganas de Metal por las que asistíamos al lugar. 

Realmente en ese momento no supe lo que ocurrió, pero lo curioso es que años más tarde, mirando unos libros en un centro comercial, me fijé en uno titulado: `Heavy Metal´. Por supuesto que lo compré. Al día siguiente comencé a leerlo e inmediatamente me di cuenta de que, casualmente, estaba leyendo sobre ese mismo evento. Me quedé cuadriculado. ¡El libro me estaba contando un pequeño episodio del Clash Of The Titans de San Sebastián de 1990 con mal rollo incluido!, pero… ¿queréis saber cuál fue?, pues tan sólo hay que leerse el primer capítulo del libro para informarse, pero os anticipo que por lo leído todo tuvo que ver con una pregunta inoportuna en el lugar y en el momento más inoportuno. 

Un Punky alterado, la gran aglomeración de gente en tan reducido e inapropiado espacio y la presión que te causaba el desmesurado montaje policial, todo ello, formó un coctel explosivo que desembocó en una batalla con varios heridos. Los detalles podéis buscarlos en el libro de Francisco J. Satué, en su primer capítulo. 

Así que ya veis, un cartelón de leyenda en un lugar desproporcionado que se hizo muy incómodo. El recinto estaba completamente saturado de gente, tan apenas podías moverte sin chocar con alguien. Y qué deciros del interior del pabellón. Recuerdo que cuando logré entrar al “Hall” sonaban los Suicidal Tendencies, banda de estilo Hardcore-Punk que no desentonó en absoluto dentro de ese cartel tan Thrashero. Enseguida me di cuenta de que tenía que pedir de beber antes de lanzarme a tal puchero a presión. Me di la vuelta como pude, caminé unos metros a contracorriente y… ¿qué coño estaba haciendo yo allí si la barra parecía una colmena? 

Pero una vez in situ y tras pensarlo bien, opté por intentar alcanzar esa barra por todos los medios, hasta que lo conseguí. Mientras tanto, escuchaba el tremendo concierto que se estaban marcando los de Los Ángeles, pero tan sólo sonaron unos 30 min. aproximadamente (7 temas), justo el tiempo que me llevó esa proeza por conseguir un par de cervezas que me aticé de dos tragos porque era imposible salir de tal enjambre con el vaso lleno. Lo cierto es que íbamos chorreando en sudor y hacía mucha falta refrescarse, casi diría que era necesario, de ahí la citada “colmena”.

Suicidal Tendencies
Cuando terminaron de sonar los Suicidal la gente que había dentro del pabellón empezó a salir en bandada hacía las ya abarrotadísimas barras. Entonces es cuando aproveché, otra vez a contracorriente, para ubicarme entre los pequeños espacios que se iban abriendo en el interior. La gente salía empapada. Suicidal fueron como un vendaval.

Testament saltaban a escena tras el primer y excesivo descanso de 30 minutos. `The Legacy´ (´87), `The New Order´ (´88) y `Practice What You Preach´ (´89) eran los tres álbumes ya editados por Testament y de los que extrajeron su repertorio para la ocasión. Su inminente Souls of Black estaba a escasos días de ser lanzado. Tomaron las tablas con mucha fuerza desplegando todo el potencial que se esperaba de ellos, de principio a fin y sin dejar a nadie indiferente. Sencillamente… espectaculares.
JJ Piñón & M. Galán
A punto de terminar Testament nos dimos cuenta de que existía un piso superior como un gran balcón que daba media vuelta a la pista, así que decidimos subir con la intención de descansar un poco mientras echábamos un vistazo al directo desde más arriba. Y acertamos, porque pudimos ver algo más tranquilos el final de ese espectáculo desde otro punto de vista. No había mucha gente y pudimos relajarnos un rato durante el siguiente descanso, sentados en el suelo apoyados contra la pared.

Megadeth fueron los siguientes. Actuación muy esperada ya que la banda acaparaba muchas críticas por los problemas y hábitos de Dave Mustain, pero Dave venía bien rehabilitado para ofrecernos un monumental espectáculo entre sus cuerdas. `Rust in Peace´ de 1990 veía la luz a principios de ese mismo mes. Su apoteósico `So Far… So Good… So What!´de 1988 ya había revolucionado la expectación hacia la banda y con el lanzamiento de `Rust In Peace´ se consolidaban en lo más alto de su carrera musical. 

Con esos dos platos fuertes, aderezados con temas clásicos de sus dos primeros discos, nos deleitaron gratamente a todos. Una actuación digna de mención y merecedora de entrar en el templo de las mejores actuaciones de Metal habidas en nuestro país. 

Finalizando el concierto, Megadeth seguían haciéndose de rogar en ofrecernos su tema más popular del momento: `Anarchy in the U.K.´. Se retiraron de escena unos instantes dejándonos intrigados e incluso pensando que pudiesen marcharse sin complacernos con esa magnífica versión de los Sex Pistols. Pero la gente quería más, queríamos la guinda del pastel, por eso aprovechamos esa ausencia para aporrear el suelo a pisotones al estilo militar. El pabellón atronaba, sonaba bárbaro como nunca había visto en ningún otro evento de similares características. Literalmente… temblaba mientras el bello se nos ponía como escarpias. Hasta que la banda nos sacó de dudas, volvieron a escena y se marcaron un final de actuación apoteósico dejándonos a todos alucinados y empapados en un jolgorio monumental. 

Sin lugar a dudas fue una de las mejores actuaciones que he vivido. Su setlist fue el siguiente:
                                             01-  Rattlehead

                                             02-  Wake Up Dead

                                             03-  Hangar 18

                                             04-  Hook in Mouth

                                             05-  Skull Beneath the Skin

                                             06-  The Conjuring

                                             07-  In My Darkest Hour

                                             08-  Devil´s Island

                                             09-  My Last Words

                                             10-  Holy… The Punishment Due

                                             11-  Peace Sells

                                             12-  Anarchy in the U.K.

Megadeth
Finalmente llegaba el turno de Slayer, los cuales ostentaban ese lugar en el horario, pero no en el cartel. Hubo tremendos problemas por ubicar el cabeza de cartel de ese evento. Una lucha casi encarnizada entre Megadeth y Slayer que terminó en tablas, pero no en las tablas, sino en la estructura del cartel, de ahí que aparezcan las cabezas representativas de cada banda a la par y cambiados los horarios de estos en las entradas. 

Ese directo lo disfruté al máximo, logrando llegar casi eufórico hasta primera línea de combate a tan sólo unos centímetros del micro de Tom Araya. Los cabezazos mutuos y fortuitos, los empujones, avalanchas y las saladitas salpicadas de sudor, eran muy constantes. La gente se deshacía bailando y cabeceando cada uno de los temas del repertorio exhibido. 

La banda estaba a punto de lanzar `Seasons in the Abyss´, así que su `South of Heaven´ de 1988 era el último disco editado. La tremenda descarga que desplegaron impactó brutalmente en los oídos y en la retina de los asistentes. Se salieron. 

Este fue su brutal setlist:
                                              01-   Rainning Blood
                                             
                                                       02-   Black Magic

                                              03-   War Ensemble

                                              04-   Postmortem

                                              05-   Dead Skin Mask

                                              06-   Die by the Sword

                                              07-   Blood Red

                                              08-   Altar of Sacrifice

                                              09-   Jesus Saves

                                              10-   Spirit in Black

                                              11-   At Dawn They Sleep

                                              12-   Mandatory Suicide

                                              13-   Live Undead

                                              14-   South of Heaven

                                              15-   Angel of Death
Entrada
Al finalizar el evento estuvimos de garitos por la ciudad hasta altas horas de la madrugada donostiarra. Luego nos acostamos a dormir en el coche que aparcamos junto a las vías cercanas al complejo deportivo. Sobre las 9 de la mañana desperté por lo de siempre: ¡el puñetero sol!, ese que nunca te abandona en estas situaciones de estilo “camping-playa”. Giré remolona y ligeramente la cabeza... y entonces vi como simultáneamente se despertaba mi colega R.O., levantó la cabeza, me miró… y se asomó por la luna trasera con los párpados casi pegados por el sueño. 

De repente se le abrieron como dos platos y salió del coche desesperado. Se plantó en medio de la calle y gritó: - ¡¡Ramooooooooooooón!! jajajaja. Había visto a dos paisanos y colegas nuestros (Ramón y V. Sol) que venían a ver la escalada libre que se celebraba ese sábado por la mañana en el mismo lugar donde la noche anterior vivimos tantas sensaciones Metaleras. No se creían vernos allí, ni nosotros verlos a ellos, pero allí estábamos los cinco. 

Nos preguntamos sobre nuestros particulares viajes. Ellos venían en transporte público, y como eran dos, pues les ofrecimos llevarlos de vuelta en nuestro vehículo, pero con la condición de ir al Pub Infierno de Zaragoza, que era a donde nosotros pensábamos dirigirnos esa misma noche de camino de vuelta. Aceptaron y nos juntamos los cinco para disfrutar de un nuevo día de jarana. Fue una alegría inesperada que nos activó de nuevo e hizo que acompañásemos a nuestros colegas a ver esa escalada sin rechistar. 

Al entrar de nuevo en el pabellón nos quedamos alucinados, olía a "perro muerto", a alcohol corrompido, a orinas incrustadas, faltaban decenas de asientos en las gradas y se respiraba un silencio casi sepulcral que deprimía al más pintado. Sentí una sensación que me hizo pensar en ese dicho tan conocido: “después de la tormenta… viene la calma”.

Y allí, justo a nuestra derecha, estaba ya montada desde bien temprano esa pared inmensa para trepar, observada por unos cientos de aficionados, un público tranquilo, estático y muy silencioso, todo lo contrario que el público del día anterior. Ese contraste menguaba un poco nuestro ánimo, pues lo vivido allí la noche anterior invadió nuestro recuerdo logrando que una fuerte nostalgia se apoderase de nosotros tres mientras observábamos incrédulos el lugar.


Nuestros colegas venían exclusivamente a ver a un chico valenciano que era un crack de la escalada. Nosotros no lo conocíamos, pero nos informaron de que era buenísimo en su afición. Su turno era el nº 43, así que estuvimos un buen rato esperando su turno mientras nos distraíamos animando tímidamente a los demás participantes. 

Tan sólo uno de ellos logró trepar esa pared a duras penas y en casi 15 minutos. Hasta que llegó el turno del valenciano, se untó las manos con los típicos polvos, miró hacia arriba y comenzó la escalada. En menos de un minuto estaba arriba, subió como un rayo, como si llevase unas ventosas en pies y manos. El tímido público ya citado se levantó de inmediato lanzándole una ovación ensordecedora mientras nosotros nos reventábamos las palmas aplaudiendo. Sencillamente… THE NUMBER ONE!

Nuestros colegas quedaron tan satisfechos que nos animaron a marcharnos ya orgullosos de nuestro paisano levantino, ¡misión cumplida!. Y eso es lo que hicimos con una sonrisa de oreja a oreja.

Ahora era cuestión de pasar el día por la ciudad hasta que llegase la hora de partir hacia Zaragoza. Así que comenzamos a patear por las calles donde todavía se podían observar los carteles que anunciaban el concierto acaecido el día anterior, hasta que decidí recortar de la pared uno de estos para llevármelo como recuerdo. Lo que ocurre es que, para no romperlo, me llevé tras él medio centímetro de papel de otros posters de diferentes eventos pegados en la misma pared. Mientras caminábamos me dediqué a pelar a mano el papel sobrante, siendo el centro inevitable de miradas extrañadas de los transeúntes y de los cachondeos de mis colegas. 

Ese día hacía bastante viento y mi lucha con ese poster fue constante durante más de dos horas, incluso entrábamos a cafeterías y bares sin cesar en mi empeño por dejarlo lo más limpio posible. Además, ese poster era de un formato bastante más grande de los que normalmente estábamos acostumbrados a ver, lo cual acentuaba todavía más el no pasar desapercibido. El resultado fue este que ahora os muestro, porque todavía lo conservo. 

Curiosamente, los cabezas de cartel aparecen invertidos comparados con los de la entrada y el horario de sus actuaciones estaba equivocado en ambas impresiones.

El poster peleón
Ya oscureciendo, tras varias horas visitando diferentes pubs de la urbe, decidimos marchar hacia nuestro siguiente destino: la capital maña. Llegamos sobre las 22:00 h. y enseguida preguntamos por aquella famosa calle donde en aquel entonces se ubicaban tres pubs Metaleros: Infierno, Berlín y Utopía Thrash

Nuestros dos aficionados escaladores venían avisados de que acudíamos a un lugar donde podían ver cualquier cosa, una información que nosotros ya conocíamos por las historias contadas por varios residentes familiares de la capital, lo que hacía que sus caras no pudiesen ocultar cierta inquietud. Una vez estacionado nuestro vehículo en una calle colindante nos dirigimos hacia el lugar en cuestión. La calle estaba totalmente solitaria y parecía como si estuviese todo cerrado. Pero unos pasos más adelante vimos que no era así, los tres garitos estaban abiertos, y como estaba previsto... pues nos metimos directamente en el Infierno. 

Había doble puerta, entramos, y sin ni siquiera darnos tiempo de llegar a la barra, el corpulento barman se giró, miró de muy mala leche, estiró el cuello y de repente... corrió lanzado por dentro de la barra en dirección hacia nosotros, apoyó una mano sobre ella y pegó un salto a la carrera pasándonos como un misil a escasos centímetros. Nos quedamos casi petrificados mientras girábamos la cabeza mirando hacia dónde se dirigía, la salida, y claro, ambas puertas quedaron en balanceo, lo que nos permitió observar de refilón como sin mediar palabra le soltaba un tremendo guantazo a alguien que venía por detrás de nosotros. Lo dejó planchadito en el suelo y tranquilamente volvió a entrar a su faena. 

Nuestros colegas escaladores se quedaron impactados y en ese momento se dieron cuenta de que nuestros pre-avisos no habían sido ningún farol. No había apenas gente, así que, después del pequeño sobresalto nos tomamos unas cervecitas y luego cambiamos al Utopía Thrash, un garito acogedor con una decoración atractiva donde se respiraba muy buen ambiente. Estaba a reventar. Allí pasamos un buen rato hasta casi la hora de cierre. 

Entonces preguntamos a qué otro garito podíamos ir que hubiese abierto a esas horas, y nos informaron de que había una sala donde ponían algo de Rock y mucha gente tenía la costumbre de terminar allí la velada, se llamaba Bruto. Así que decidimos acatar los consejos de los residentes y culminamos allí una agradable madrugada. 

Ya aclarándose el firmamento, decidimos partir de nuevo hacia casa, pero las condiciones no eran las más óptimas para conducir tantos kilómetros, así que decidí atravesar la ciudad y luego parar a descansar en cuanto saliésemos de la capital. Se nos cerraban los ojos, de hecho, cuando llegamos a la salida dirección Teruel, los cuatro colegas ya estaban dormidos. 

Yo ya no podía más y en la primera ocasión que tuve paré el coche y en segundos también me dormí. Ya con el solecito bien alzado, y por culpa de dejarnos las ventanillas abiertas cuatro dedos, pues las decenas de agradabilísimas moscas hicieron el resto para despertarnos (alguno todavía aguantaba las moscas en los labios sin inmutarse). "¡Coño!, ¡cuántas moscas hay aquí!", comentó un compañero con los ojos hinchados por el cansancio. "Vaya, sí que es verdad, parece que nos estaban esperando", contesté todavía medio dormido e incordiado por tales seres voladores.

Hasta que nos dimos cuenta de que, desafortunadamente, había ido a parar justo en un vertedero de basura aparcando derrotado casi encima mismo de ella. Eso me espabiló lo suficiente como para ponerme de nuevo al volante y terminar nuestra ruta entre risas y cachondeo por todo lo vivido durante esos dos días inolvidables, que en mi sincera opinión, fueron de los mejores y más memorables de mi juventud.

Agradecimiento: algunas de las fotos expuestas son cortesía de mí gran amigo M. Galán, al que me encontré también allí, y es uno de los pocos que en aquellos años solía arriesgarse intentando meter una cámara fotográfica en los recintos. Si te cacheaban y te la encontraban… te quedabas sin ella, igual que las muñequeras de clavos, los cinturones de casquillos de bala y demás artículos característicos puntiagudos que solían y suelen adornar nuestros looks.